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Historia Reciente

 


Hacia el año 2006, la situación de Sede Vacante que aquejaba a la Iglesia era evidentemente insostenible. Grandes confusiones había, elecciones fallidas habían dado a un sinnúmero de “antipapas” que se disputaban el Solio Pontificio. Todas ellas habían sido nulas por errores gravísimos. Esto motivó a que varios obispos de todo el mundo comenzaran a buscar una solución evidente a este problema. En Argentina, la Orden de Nuestra Señora de la Compasión inició una investigación acerca de si era posible una elección válida. Quien inició el nuevo movimiento conclavista, con origen en Argentina fue Monseñor Emilio Javier de la Compasión , sin la autorización expresa de su superior, Monseñor Oscar de la Compasión , futuro Papa León XIV y que le advirtió sobre el peligro de una nueva elección fallida.

 “Cualquier error o vicio hará inválida y nula vuestra elección, colocándolos en el mismo nivel que los cismáticos antipapas, y de esta forma os separaréis de la Iglesia Católica , fuera de la cual no hay salvación.”

 Los Obispos y sacerdotes compasionistas incitaron a Monseñor Oscar a que convocara a un Cónclave mundial, pero este delegó esa función en Monseñor Emilio y Monseñor Alejandro (hoy Papa Alejandro IX). La circular fue enviada a todos los obispos sedevacantistas del mundo, al tiempo que se escribía al Antipapa de Roma y su Secretario de Estado, intimándolos a abandonar el Vaticano y así proceder con la elección. Esta carta era meramente formal, ya que era sabido que los Anticristos no dejarían las posiciones usurpadas fácilmente. El conclave, se decidió, tendría lugar en Luján y asistieron obispos del mundo entero, los únicos con derecho a voto; también hubo sacerdotes y laicos de distintos países que fueron testigos de la apertura del Conclave y luego del tradicional “¡Habemus Papam!”. Inmediatamente, por orden del Papa  se procedió a notificar a todo el mundo de lo ocurrido.

(Si usted desea más información sobre el proceso de elección pontificia del año 2006, por favor, haga clic aquí y descargue las actas del Conclave extraordinario, donde podrá ver quienes fueron los electores y que procedimientos se utilizaron).

 Se iniciaba así una nueva etapa en la Iglesia, el 24 de marzo del año 2006 Oscar de la Compasión eligió como nombre LEÓN XIV. Durante su corto pontificado (moriría en el 2008) el realizó un extraordinario trabajo para reparar la Iglesia que otros quisieron destruir: todo tipo de actividad, viajes, encuentros... su misión fue propagar el evangelio en todos los rincones del mundo. No fueron años fáciles los que le tocó vivir al joven Papa León XIV: hubo mártires, se produjo un cisma, algunos abandonaron al Papa cuando más se los necesitaba. Su Santidad publicó varias encíclicas, bulas y demás documentos en defensa de la Verdadera Religión Católica. 

(IMPORTANTE, EN MUY POCO TIEMPO COLOCAREMOS EN LÍNEA TODO EL MAGISTERIO DE S. S. LEÓN XIV DE VENERABLE MEMORIA)

Pero quizás el golpe más brusco y que hizo dudar hasta muchos de los miembros de la curia fue el acontecimiento del 16 de marzo del año 2007, pocos días antes del Aniversario del Primer Año de Pontificado. Ese día, a las 6:45 horas un terrorista abrió fuego sobre el Papa. Su vida pendió de un hilo, todos pensaron que moriría... Los cardenales que estaban junto a él lo auxiliaron física y espiritualmente, algunos corrieron en busca de un médico con sus ropas ensangrentadas... Pero Dios estuvo con su Vicario. “Es un milagro que esté vivo” dijo su medico personal. La Iglesia atravesó una grave crisis en aquellos días en los que se sabía muy poco de lo que pasaba muros adentro del Palacio Apostólico. Los fieles de todo el mundo habían recibido la noticia del atentado y trataban de comunicarse con la curia por todos los medios posibles. Las Sedes Arzobispales estaban en un estado caótico, muchos Obispos viajaron de inmediato a la Santa Sede para ponerse a disposición del Cardenal Secretario de Estado, Mons. Emilio Javier de la Compasión. Este valiente Cardenal (fiel al Papado desde el primer momento) convocó a los jerarcas de la Iglesia lejos del Papa, en la ciudad de Santa Rosa, La Pampa , en la Iglesia de la Inmaculada Concepción. Allí para tranquilizar a un buen sector de la jerarquía y hacer acallar a los pusilánimes de siempre, el 21 de marzo, la Curia y otros jerarcas hicieron un juramento de fidelidad a Su Santidad León XIV. Tres días después, Su Santidad cumplía su primer año como Pontífice, y hospitalizado hacía pública su encíclica Quo Graviora.

El domingo de Pascua, 8 de abril del año 2007, a pesar de que sus médicos le pidieron permanecer algunos días más en el hospital, Su Santidad regresó al Palacio Apostólico. Rodeado de sus más fieles asistentes, luego de reorganizar la curia y recibir la visita y oraciones de muchísimos fieles, sacerdotes y obispos, se recuperó poco a poco, sin jamás abandonar sus funciones altísimas.

Pero la salud del Papa estaba gravemente herida y el 8 de agosto se diagnosticó que el Papa sufría de Leucemia. Esto provocó que necesariamente el Concilio Ecuménico que había sido convocado entrara en un período de intranquilidad y dolor, al igual que toda la Iglesia que lloró por la noticia. El primero de septiembre, León XIV regresó al Palacio Apostólico, convocando al Concilio para una sesión extraordinaria para informar de su estado de salud y para acallar a quienes deseaban desvirtuar el Sacrosanto Concilio reunido en Moreno. La voz del Papa hizo temblar a los cobardes y obligó a los tibios a alinearse con la Santa Sede. Sin embargo, el progresivo deterioro de la Salud del Papa obligó a que el Concilio fuera suspendido.

La agonía se prolongó hasta que el dos de febrero del año 2008, el joven Vicario de Cristo expiró. La Iglesia se enlutó.

El Conclave se reunió según las normas establecidas por S.S. León XIV y el electo el siete de marzo del 2008 fue El Cardenal Juan Bautista Bonetti, nacido en 1957. Tomó el nombre de Inocencio XIV y muy pronto encontró graves dificultades.

Su pontificado fue muy breve, desde el siete de marzo señalado arriba hasta el doce de agosto del 2008, cuando abdicó al Papado. Durante su  brevísimo Pontificado el Papa Inocencio XIV trató de poner freno a ciertas tendencias que se habían desatado en algunos miembros del Concilio de Moreno, tendientes a una profunda revisión de la fe católica, la cual lindaba con la herejía. Del mismo modo tuvo que enfrentarse con la aparición de un misticismo exacerbado en algunas de las misiones, sobre todo en el África y en el Seminario de Australia. El Papa, sabedor de sus propios límites buscó ayuda, pero el demonio lo rodeó de malas personas, seres viles que deseaban la destrucción de la Iglesia. Sabedores del peligro que se cernía un grupo de obispos deicidio huir de la Sede de Moreno (Sede en el exilio) y se refugió en Villa María, General Rodríguez, donde encabezaron la resistencia a favor del Papa Inocencio XIV, lo cual comenzó el 15 de mayo del 2008.

Sin embargo, mal asesorado S.S Inocencio XIV temió que sus enemigos fueran los “Obispos de Santa María” (nombre con el que eran conocidos en el Palacio Apostólico de Moreno aquellos que se refugiaron en General Rodríguez) y redactó el decreto de excomunión para todos ellos, el cual, sin embargo, nunca fue publicado ni hecho efectivo.

Finalmente, el entonces Papa reinante decidió reunirse en “territorio neutral” con el ex cardenal Alejandro de la Compasión (que había renunciado a todos los cargos y honores de la Iglesia). La reunión tuvo lugar en un lugar secreto y con garantías mutuas de respeto por la seguridad del otro. Allí, el representante de los obispos de Santa María entregó al Pontífice una carta exponiendo la grave situación de la Iglesia y lo imperioso de la reforma. Luego de orar y reconocer la gravedad de la situación, el Papa Inocencio XIV publicó el Motu proprio Pontificex Maximus  por el cual anunciaba su renuncia y convocaba a todos los cardenales, obispos y demás clérigos a un nuevo conclave.

La nueva elección ocurrió según lo prescribía el Motu Proprio en Villa Santa María, y fue electo por aclamatio el Cardenal Alejandro de la Compasión , quien tomó por nombre Alejandro IX. El nuevo Papa dispuso que su predecesor, otra vez simplemente Monseñor Juan Bautista Bonetti, se retirara a un monasterio, tal como se lo había solicitado.

Con él se abre un nuevo y fructífero período en la Iglesia. La Iglesia fue purgada de sus enemigos, la curia reorganizada. Se restableció la jerarquía y se estan reconstruyendo las diócesis de todo el mundo, al igual que seminarios y conventos. Se trata de un período de paz y hermosos frutos. Muchos pensaron que nos dispersaríamos, que huiríamos, cada uno por su lado, pero eso no ocurrió, antes bien, oímos a Pedro que habló por boca del Papa Alejandro IX.

 

¡Larga Vida al Papa Alejandro IX!

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